Nos explica Beatriz F. del Castillo, interpretando el sueño de una paciente, que los viajes son la aventura de enfrentarse a lo desconocido: se deja atrás lo de cada día, las rutinas, lo que se controla, y nos vemos obligados a sacar valores personales en desuso o que no sabemos que tenemos, como la valentía, la intuición, enfrentarse a cosas nuevas o situaciones difíciles. Sólo sabremos que podemos si lo hacemos. Por eso viajar es también un descubrimiento de sí mismo y una metáfora de la vida.

Así, es impresionante cuando un viajero acompaña la narración de su viaje con descubrimientos sobre sí mismo y sobre la vida. Por ejemplo, Viajes Culturales a Europa, que ofrece una página donde reflejar el choque cultural y las experiencias personales de estudiantes de Puerto Rico en su viaje educativo.
Enseñanzas como “En este viaje aprendía a conocerme y quererme como mujer puertorriqueña”, “viajar con un grupo que poco a poco se convierte en tu familia” o “No hay que buscar bellezas al otro lado del mundo ya que toda la hermosura se encuentra en nuestra bella Isla del Encanto”. Y es que muchos de los viajes llevan al redescubrimiento de lo que uno ya posee: su tierra, su familia, sus amigos. Por eso viajar es también una metáfora de la muerte: dejar atrás lo que uno tiene.
Destinos son historias
Highlife, Travel experiencies, la revista de viajes y red social de British Airways, apuesta por los viajes auténticos, los que consisten en ver y sentir el país al que se viaja como sus habitantes y vivirlo como lo hacen ellos. Sus “historias sobre destinos” hablan de ir en bicicleta por el paseo marítimo de Durres, el principal puerto de Albania, como experiencia genuina, con comentarios como “Pensé en Georgia cuando estalló la guerra. No en Tbilisi, ni en el museo de Stalin en Gori o en los políticos, sino en las tostadas… En Georgia, todos quieren un gran tostador”.

La revista, además, ha reúnido en un jurado a buenos viajeros, escritores y filósofos del viaje para determinar los 50 lugares más auténticos de la Tierra, un propósito loable pero que se contradice con su filosofía: viajar como experiencia no necesita de lugares exóticos, inexplorados o sin macdonalds, es una forma de viajar. El resultado de esta puesta en común privilegiada presenta una propuesta interesante: destacar de cada lugar lo que vale la pena ir a buscar. De Albania, por ejemplo, la excentricidad de sus gentes, tras años de aislamiento. De Causeway Coast, en el norte de Irlanda, que es perfecta para permanecer en silencio, impresionados por los acantilados escoceses.
Así que ya sabes, permítete viajar como experiencia una vez en tu vida, por lo menos.
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