Destartaladas casas de ladrillo gris y mercadillos callejeros a la sombra de imponentes rascacielos de cristal y acero plagados de galerías comerciales. Deportivos de lujo adelantando a toda velocidad a triciclos cargados de fardos y plásticos para reciclar. Restaurantes de diseño donde el menú vale el sueldo de un mes junto a pringosos y humeantes puestos ambulantes en los que se come por un euro. Albañiles con los dientes cariados y escuálidos «mingong» («currantes») que han emigrado del campo mirando de reojo a las jovencitas «fashion» de la gran ciudad, que lucen muslamen a base de raquíti…
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